“Esta madrugada”
Estoy rompiendo en esta madrugada
el hábito
para que tantas cosas dejen de considerarse normales
y tantas otras entren a ser pilares fundamentales
en las preferencias de las personas.
Por ejemplo,
que no sea normal estudiar para trabajar.
Que no sea normal trabajar
exclusivamente para el beneficio propio.
Que un hombre tirado en el suelo salga en las noticias
y que una mujer llorando sea motivo de día de luto.
Que este poema no quede en un “¡qué bonito!”,
que te haga
levantarte de donde estés
o cagarte en mis muertos mil veces
por querer cargarme tu bonita comodidad…
Necesito gritar a los 4 vientos
que todos oigan mi voz,
que ahí queden estas palabras y que…
¡VENGA EL VIENTO OSTIA!
Que se las lleve por ahí,
que lleguen muy lejos
y se recojan allá donde estará quien no lea este papel
y de la misma forma,
que me escriba,
que igualmente ponga las suyas en el aire
y me lleguen sus maneras de pensar
porque la mejor ideología está aún por inventar.
Ni se crea ni se destruye,
es como la energía que hace
de tu latir algo tan especial…
que se transforma.
YO HAGO LA ANARQUÍA.
Hazla tú a tu pedo.
Hazla conmigo, si quieres.
Y es que hoy la hago y mañana pretendo volver a hacerla,
aún mejor que hoy.
Y que mis hijos,
besen la tierra y acaricien tu mejilla,
y puedan de alguna manera dar la mano al enemigo…
y la mejoren.
Que la rieguen con otra agua más mejor.
Que siembren sus propias semillas.
Que anarquicen la anarquía.
Y la guarden en sus adentros.
Y la muestren en sus gestos.
Y la elaboren con sus manos
y la hagan dejar huella con los años.
Sabed malditos que no cabrá en ningún montón de papeles engrapados.
Mucho menos en una definición de bolsillo.
Nuestro pecho guarda un corazón puro y transparente,
donde cabe tanto…
Grito pues, en esta madrugada,
a ver si rompo las costumbres, los tópicos, los tabúes…
No quiero tener vergüenza ni arrepentimiento,
quiero gritar a un militar “¡hijoputa!”, por ejemplo,
y explicar que
“hago esto porque así lo siento”,
y lo necesito, realmente,
tanto como el mundo necesita romper las cadenas, creo,
esta madrugada.
Muchas veces he pensado:
que en el aire suene una canción
y que todo el mundo la escuche,
o quizá un poema,
leido por tus ojos,
reproducido por tu voz,
y que entre por los oidos de todos
para ver si les late las palabras
como a nosotros…
como a nosotros…
como a nosotros
nos pasa.
Y es que hay madrugadas
en las que me veo capaz… de todo.
Veo a todos capaz de ello.
El mundo esta vez quiere hacerlo;
se pone en pie
y escupe,
y protesta,
e insulta,
y dice que está harto.
Esta vez sí.
Pero al mismo tiempo que lo veo
me pongo nervioso.
Pues no hay apenas tiempo.
Este sentimiento de rabia
tan fundamental
tiene fecha de caducidad
y no durará más que hasta que salga el sol.
Así que a pesar de la euforia del principio,
al final siempre acaba amaneciendo,
con el consiguiente desplomo
y nunca,
nunca nos da tiempo a apenas nada.
Nunca podemos terminar lo comenzado.
Nos quedamos igual.
Nos sentimos
frustrados.
Esta borrachera se nos pasará mañana…
Maneras de pensar, semillas que sembrar (2006)